Yo sí creo en los Reyes Magos

Quizá os resulte raro, sí, lo reconozco. Pero yo, a mis 32 años de edad, sigo creyendo en los Reyes Magos.

Todo el mundo dicen, a cierta edad, que son los padres y, la verdad, no lo entiendo. ¡Qué barbaridad! ¿Que los reyes son los padres? Pero no os dais cuenta, primero de todo, que los reyes son tres y ¡los padres dos! Ya solo empezando por ahí, vamos mal.

Por otra parte, si los Reyes son los padres… San Pedro, San Juan, Santa Gema, la Virgen de Fátima, y muchos más santos de la historia, ¿también son los padres?

¡Pues claro que no!

Los llamados Reyes Magos, fueron unas personas (en ningún sitio viene su número), que ya la tradición cristiana resume en tres, principalmente por los tres regalos de los que habla el Evangelio (Oro, Incienso y Mirra).

Los Magos de aquel entonces eran más hombres de ciencia (la ciencia de su tiempo) que predecesores o tatara tatara abuelos de Gandalf o Albus Dumbledore. Eran astrólogos, estudiosos del cielo, del por y para qué de las cosas, etc., aunque es obvio que, en su tiempo: ciencia, religión y magia se mezclaban entre sí.

El evangelio según San Mateo (2, 1-11) dice así:

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo».

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
Y tú, Belén, tierra de Judá,
ciertamente no eres la menor
entre las principales ciudades de Judá,
porque de ti surgirá un jefe
que será el Pastor de mi pueblo, Israel
».
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje».

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.

Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje.

Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.

Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

Como veis, en ningún sitio se menciona que fuesen reyes, ni que fuesen tres, lo único que se dice es que estos hombres habían visto la “estrella” del rey de los judíos aparecer “en Oriente” y venían “a adorarlo”. También se dice que los magos provenían “de Oriente” aunque la palabra griega (un lenguaje con muchas connotaciones) no específica una región física concreta, por lo que  debería ser traducida por “vinieron unos magos de la región por excelencia de los astrólogos y magos” que por aquel entonces solía atribuirse al “Oriente”.

Lo que pocos tienen en cuenta es que la llegada del “Mesías”, de un “Salvador” o “Redentor”, no era una creencia exclusiva del pueblo de Israel, numerosas naciones, principalmente aquellas en las que el pueblo de Israel se había dispersado en sus diversos exilios habían sido influenciadas por las creencias judías y aguardaban una restauración universal, una justicia suprema, una redención de las acciones del hombre que las políticas, filosofías, religiones y creencias de aquel entonces no habían podido conseguir y que mantenían a la humanidad expectante de algún personaje ilustre que ofreciera una respuesta distinta de las conocidas.

Esta necesidad de “salvación” o “redención” (entendida esta como restauración de la vorágine de consecuencias en las que los hombres se habían metido sin poder escapar a ellas) esperada y prometida a los judíos se había convertido para otros pueblos en un anhelo cada vez más grande. Es normal por tanto que unos señores que no eran judíos estuvieran atentos a algún signo especial sobre el anhelado y supuesto prometido “rey de los judíos” que traería la Justicia, el Perdón y la Paz al Mundo entero.

Así estos hombres llegaron a Jerusalén, hablaron con Herodes, encontraron el lugar donde se encontraban María y el niño y se postraron ante él y le adoraron; y, tras entregarle sus obsequios, se fueron “por otro camino” en vez de volver por donde habían venido, para evitar así encontrarse de nuevo con Herodes.

Estos hombres, como cualquier otro, volverían a sus hogares y contarían lo que habían visto y experimentado en su travesía, seguramente, después de un viaje tan largo, entre ellos se habría entablado una amistad más fuerte que conservarían a lo largo del tiempo. La Tradición nos habla de que sus restos se conservan en la Catedral de Colonia (Alemanía). Otros textos, más apócrifos, nos dicen que tras la Ascensión del Señor, cuando los apóstoles se dispersaron entre las naciones para evangelizarlas, uno de ellos, uno de los apóstoles se encontró con estos magos y tras anunciarles la Buena Noticia, les bautizó y les ordenó obispos de las iglesias que iba fundando allí donde la gente se convertía.

Todo esto son datos no muy fiables, obviamente, el único dato “fiable” es el del evangelio de Mateo: en él, solo se menciona a Jesús y a María como testigos de la visita de los magos… a parte del propio Herodes y de un número indeterminado de sacerdotes judíos. Herodes murió el año 4 a. C. (por lo que Mateo no pudo consultarle a él y no creo que lo hubiese hecho de haber podido), quizá alguno de los sacerdotes viviera en la época en la que se comenzó a escribir el evangelio según san Mateo. No obstante, lo único que sabemos es que Jesús explicó e hizo muchas más cosas con sus discípulos de las que están escritas en los evangelios y que María todavía vivió unos años con los discípulos de Jesús antes de que fuese asunta al cielo. Por lo que Jesús y María parecen las fuentes más apropiadas de las que Mateo pudo recabar la información de este pasaje.

Mateo, los encuadra en la Historia, se relacionaron con Herodes y sus sacerdotes, “vieron” a Jesús y a María y este encuentro y experiencia les cambió la vida hasta el punto de que ya no era solo curiosidad por ver al “rey de los judíos”, sino que era adoración, hasta el punto de “postrarse ante él”, reconociéndole como un ser divino. Además en los Evangelios no hay nada escrito por casualidad, la expresión “se volvieron por otro camino”, no solo quiere decir que tuvieron temor de las represalias de Herodes, sino que el encuentro con Jesús les cambió hasta el punto de querer salvar al niño, de no querer volver a tener trato con Herodes (que encarna en su persona a “todas aquellas tendencias que gobiernan/rigen al mundo/pueblo/sociedad que buscan destruir a Cristo y lo que Él representa”), es decir, estos magos no volvieron a ser los mismos que antes de “ver a Jesús”, ahora tenían un discernimiento, eran capaces de distinguir lo que viene de Dios de lo que no. En cierta manera, estos “magos” o “sabios” fueron santificados por la presencia de Jesús, de ahí que la Iglesia entera los venere como santos y, por lo tanto, personas que están en el cielo e interceden por nosotros ante Dios.

Es por eso que creo en los Reyes Magos, porque son unos hombres santos que están en el cielo y que interceden por mí ante el Señor. Ellos trajeron regalos al Niño Jesús: oro (símbolo de la realeza, de la sabiduría, etc.), incienso (símbolo de la divinidad, de la oración, etc.) y mirra (símbolo de la humanidad, de la curación, etc.). Nosotros, los cristianos, sabemos que por el bautismo todos nosotros hemos sido llamados a ser “Cristo” para otras personas, a dar a luz a Cristo (como María) para que otras personas conozcan la felicidad plena que viene del encuentro personal con Jesucristo Resucitado, una persona real, como tú y como yo.

Estos magos vienen a procurar adorar a la imagen de Cristo que hay dentro de ti, con regalos provechosos para que el Niño Jesús con el que has sido configurado en el Bautismo crezca “en sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres.”

Es por eso que yo sigo pidiéndole estas cosas necesarias para mí y los que quiero a sus Majestades los Reyes, sabiendo que me lo darán si es bueno para mi vida y mi misión como cristiano en el mundo… e, igual que me paro delante de la imagen de la Virgen María o del crucifijo de Cristo… no para adorar una imagen, sino para adorar aquello a lo que representa… de la misma forma redacto mi carta a los Reyes Magos y todos los años me acerco a uno de ellos y se la entrego, no como una especie de acto mágico, sino como un gesto simbólico de aquello que vivo en mi interior.

Feliz Navidad y próspero año nuevo a todos. Felices Reyes magos a todos!!

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Me han dado ganas de escribir

De qué?

No sé.

Tal vez de nada y de todo a la vez.

Estoy sentado en una silla de plástico, en el patio de mi casa, preguntándome por lo que pudo haber sido de mí y no ha sido.

Es un mecanismo irremediable, forma parte de la psicología humana a la que tantos esfuerzos hago ahora por entender.

Según los psicólogos, este mecanismo nos ayuda a evolucionar, aprendiendo del pasado, para afrontar el futuro. Pero no cabe duda de que a veces uno se queda atascado ahí, pensando en que pudo hacer otra cosa, elegir otra opción y su vida habría sido distinta.

Eso no está bien. Ciertamente, coincido con mis (espero) futuros colegas de profesión en la utilidad psicológica de estas “rumiaciones”, si no la evolución no las habría desarrollado, pero atascarse en ellas no tiene sentido; a veces el mecanismo se engancha, se estanca y, en vez de una herramienta, se convierte en un cáncer que ataca a quien debiera ayudar, lo coarta, lo bloquea, le impide ver el presente, las infinitas oportunidades que tiene ante sí.

Por qué digo esto? No lo sé, tal vez por mí, o tal vez no… El caso es que la vida sigue, no para… Es como una gran obra de teatro… El actor debe actuar… Y si en algún momento se equivoca, no puede parar, no puede decir: “no, un momento, retrocedamos”.

No.

Debe seguir, improvisar, poniendo todo su arte al servicio de la obra.

El público no conoce la trama, no tiene por qué percatarse del fallo; y, si en algún momento se diera el caso de que lo hicieran, valorarán más la astucia del actor para enmendar su error.

Quién sabe si ese error no será el que arranque los mayores aplausos cuando llegue el final?

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Merece la pena pensarlo

Merece la pena ver este vídeo y meditarlo.

En él se elige a un conjunto de hombres y mujeres para someterlos a un experimento donde “Dave” les leerá la mente.

Este hombre va adivinando, uno a uno muchos aspectos de la vida de cada participante que, aparentemente, sería imposible que supiera (cosas nimias como gustos, dependencias, etc., hasta cosas más importantes como el dinero que se gastaron el mes pasado, los números de cuenta, etc.).

Al final del vídeo, se ofrece la explicación: hay que tener mucho cuidado con lo que publicamos en las redes sociales.

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